jueves, 10 de diciembre de 2009

LAS ARISTAS DE LA OJIVA: Solo Dios.

SOLO DIOS

Los días pasan efímeros. La luz dura tan poco como el recuerdo de los que se han ido en un día monótono. Solo nos queda su memoria, una sombra alargada que delimita los contornos de sus hechos, y la adoración íntima de su cuerpo yacente. Y aún así somos felices, y en la añoranza de su marcha, preparamos su pronto regreso, porque solo Él es capaz de vivir entre los dos mundos.
Cuando aún se encontraba postrado en el antiguo Sagrario sobre inmaculado féretro ya celebrábamos su anuncio como Cristo Rey. Hoy su cuerpo inerte sigue custodiado por los querubines orcianos, mañana seguro que también, y cuanto más nos alejemos del solsticio otoñal menos durará la luz y más vida albergarán sus pies. Y cuando el gallo cante en la madrugada del “Natali Solis Invicti”, aquel Jesús que tan Buena Muerte tuvo en los brazos de La Palma habrá regresado al mundo de los vivos, pero esta vez no entre pastores, sino entre un pueblo que sabe mucho de vendimias.
Mientras, tras la ojiva, ese mismo Dios aguarda el momento de iniciar un nuevo camino en el que todos lo reencontraremos. En el dintel mudéjar espero nuestro reencuentro, ¿tardaste en encontrarme o tardé en buscarte?.

Alfonso J. Madrid

Foto: Manuel V.